Tras cuatro años alejado de la gran pantalla (
Crimen Ferpecto fue su último estreno, ya que
La Habitación del Niño se estrenó en televisión formando parte de las
Películas para No Dormir), Álex de la Iglesia vuelve con su trabajo más ortodoxo hasta la fecha y, por lo tanto, más impersonal. Contando con actores de renombre como son Elijah Wood, John Hurt, y Leonor Watlting,
Los Crímenes de Oxford es un thriller basado en el homónimo libro de Guillermo Martínez.
Un americano (Wood) llega a Oxford con el objetivo de convencer al profesor Seldom (Hurt) para que le supervise en la creación de su tesis matemática. Las cosas no van como él esperaba, ya que el catedrático pasa bastante de él, hasta que un buen día coinciden en la escena de un crimen. El malhechor ha dejado una misteriosa pista, avisando de que habrá más muertes, por lo que los dos matemáticos deberán verse obligados a colaborar si quieren adivinar quién se esconde tras los asesinatos.
Mucho se lleva hablando de
Los Crímenes de Oxford, película que ha acabado despertando tanta expectación antes de su estreno como opiniones contrastadas después de él. Por un lado están los que la defienden con la mejor obra de de la Iglesia hasta la fecha, mientras que por el otro están los que piensan todo lo contrario, que se trata de uno de los peores (si no el peor) trabajos del director.
Yo, la verdad, no me atrevo a decir que sea tan inferior a, por ejemplo,
Perdita Durango, aunque sí puedo afirmar que es la que más me ha decepcionado.
Y no es porque el peculiar director haya dejado de lado casi toda su personalidad rodando un thriller del todo vulgar y corriente. El hecho de que a veces un director a parte su seña de identidad y ruede algo completamente diferente a lo que nos tiene acostumbrados no tiene por qué ser negativo (como hizo David Lynch en, por ejemplo,
Una Historia Verdadera).

El problema de
Los Crímenes de Oxford es que no es una buena película. Tiene muchos elementos que indudablemente evitan que se convierta en un fracaso total y absoluto, como podrían ser un diseño de producción elegante y sobrio, la actuación de John Hurt, o algunas escenas puntuales en que parece que Álex de la Iglesia intenta poner algo de su parte (la larga secuencia en que sigue a distintos personajes sin cortar planos, si bien falseada por CGI, es la más remarcable), pero muchos otros que la condenan inevitablemente. Vayamos por partes.
Para empezar, la historia que planeta la película, por muy atrayente que parezca de antemano (descubrir al asesino mediante pistas y trucos matemáticos), acaba resultando básica, muy simplona, y con apenas un par de menciones a la ciencia de los números. Por si fuera poco, dichos guiños son absurdamente sencillos de resolver, pero pese a ello los personajes parecen tardar eones en resolverlos, nadie diría que son genios matemáticos (valga como ejemplo el jueguecito de los números reflejados).
Por otro lado, el guión (con situaciones realmente sonrojantes) es incapaz de emocionar en ningún momento. Incluso en el momento de la resolución final, todo es frío, distante. A nadie le importa ya saber quién es quién, e incluso el mismo director parece tener más ganas que nadie por acabar.
Tampoco se salva de la quema Elijah Wood, que sigue con el aura de Hobbit allá donde pisa, y no consigue hacer su personaje demasiado creíble, estando siempre por debajo de Hurt o de la misma Leonor Watling. Personaje, el de esta, que tranquilamente podría haber sido eliminado del montaje, ya que su única finalidad es la de calentar al personal (aunque también reconozco que de no haber sido por ella seguramente ni hubiera pagado por ver la película).

Finalmente, destaca negativamente el montaje en general de toda la película. Todo ocurre demasiado rápido, pese al relativo tedio que desprende continuamente, con escenas sucediéndose de manera aparatosa y atragantada. Uno baja del autobús porque ve a su chica paseando por la calle, y a la décima de segundo ya están fundidos en un ardiente beso, pese a que momento antes hubieran aparecido discutiendo. Más: un personaje embarca en un avión, y sin apenas tiempo para pasar el finger, ya aparece el transporte sobrevolando el aeropuerto sin haber habido un corte temporal de por medio... Casi da la sensación de que "el montaje del director" fuera originariamente de más de dos horas de duración, y luego en la sala de producción hubiesen hecho uso y abuso de las tijeras...
Así pues, gracias a pequeños destellos,
Los Crímenes de Oxford evita que pueda definirse de mala, pero lamentablemente tampoco podemos decir que se trate de una buena película. Se trata simplemente de un anodino thriller más, correcto, pero de aquellos que caen en el olvido irremediablemente tal y como acaba su proyección. Una pena.
Por Carlos Giacomelli