Sarah Polley nos enseña un camino
Ellas hablan (2022, Sarah Polley)

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Original

Simbología, sabiduría y humanismo cruzan sus caminos en la última obra de la cineasta Sarah Polley que bajo el sugerente título de “Ellas hablan” nos sitúa ante una tesitura de intrincada solución.


El último film de la directora canadiense se desarrolla en una comunidad religiosa aislada en pleno año 2010 en la que sus mujeres y niñas están sufriendo salvajes ataques. Dichas agresiones han sido perpetradas por los hombres. Basada en la novela de Miriam Toews (también guionista del film) y en hechos reales, la película sobrevuela una necesaria elección por parte de las ultrajadas; sobre la mesa tres caminos: el perdón, quedarse y luchar o irse.






La película arranca con una frase inicial que nos sitúa en la posibilidad que solo la imaginación hace viable. En un mundo que está afianzando sus pasos hacia la equidad, la frase toca lo tangible dentro de la utopía. Es por este motivo que la elección del uso de cierta simbología aplicada a los espacios y personajes cobra un gran sentido. Dentro de los fáciles de identificar encontraremos por ejemplo a Salomé y a Ona, abanderando la primera la representatividad que la historia le ha otorgado, mientras que la segunda se acerca a la personificación de la figura de Maria/Jesús. En cuanto a espacios, nada tan evocador que celebrar este inusitado cónclave en las alturas, dada su importancia, pero de un granero, aportando la naturalidad de los orígenes de cualquier revolución, al tiempo de un forzado secretismo. 


Y es que “Ellas hablan” es así de simple, dentro de la complejidad de lo que trata, pues estamos llanamente ante un grupo de personas que han de tomar una decisión que determinará no tan solo sus vidas, sino también las venturas de su comunidad y de las que están por venir. Así pues, la dialéctica y la exposición de posturas son las protagonistas reales, un debate lleno de sentido y razonamiento que puede extrapolarse fácilmente. Estas mujeres aisladas del mundo, negadas de educación y empujadas a la sumisión demuestran, hablando, cómo el poder no es una cuestión de fuerza bruta, mas una construcción que es posible -y en ocasiones imperativo- cuestionar y moldear.  






Queda patente nuestro ánimo de evitar entrar en spoilers que pudieran condicionar de alguna forma el visionado de "Ellas Hablan", ahora bien, mencionar como uno de sus aciertos más destacables es el debate, y por ende, el análisis de la violencia en sí. El acto abominable al que las mujeres son sometidas deriva irremediablemente en cómo asimilar dicha violencia como ser humano. Así pues ¿La aceptamos como parte del unilateral pacto de poder patriarcal para mantener un estatus? ¿La devolvemos cuál inercia aprendida? o ¿nos apartamos de ella a modo de exorcismo, expulsándola? Sea como fuere, sin una crisis, no hay avance y en este punto, la decisión se convierte en este avance. 



Con una elegancia naturalista, Polley dirige con calma, sosiego y buena letra, ayudándose de imágenes de bucólica esperanza combinadas con la gravedad de la luz velada e intercalando la fría crudeza de la realidad. En cuanto a estilo, ecos lejanos de Malick, en cuanto a relevancia humanista toques de Noé de Aronofsky, en cuanto a planteamiento, reminiscencias a “De dioses y hombres”, film del 2010. La guinda del pastel se halla en el elenco, con una excelencia en todas y cada una de sus interpretaciones encabezadas por Rooney Mara, Claire Foy, Jessie Buckley, Judith Ivey, Sheila McCarthy, Michelle McLeod y Ben Whishaw, con la aparición estelar, de la también productora del film, Frances McDormand.






Esta extraordinaria fábula nos enseña que aún queda un largo camino por recorrer, el tándem Polley-Toews nos proponen cómo escoger uno de ellos, tan válido quizás como otro, pero uno que definitivamente lanza un clamor, un punto donde marcar la línea.



Por Silvia García Palacios