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    • El nuevo vampirismo
      30 días de oscuridad (David Slade)


      Tras el exitoso debut que supuso "Hard Candy" (que ganó los premios a Mejor Película y Director en el festival de cine de Sitges), David Slade vuelve a ponerse tras las cámaras para adaptar el famoso cómic de Steve Niles y Ben Templesmith "30 Días de Noche", que entre otros reconocimientos estuvo nominado a varios Eisner, algo así como los Oscar del cómic.

      Barrow es el pueblo más al norte de América. En verano, la temperatura oscila entre -1 y 21 grados, pero en invierno puede llegar a bajar hasta los -30. Pero el mayor problema del lugar no son las bajas temperaturas, si no que una vez al año, debido a su localización geográfica, se queda completamente a oscuras en una noche ininterrumpida de treinta días de duración. Por esas fechas, la mayoría de sus habitantes se aleja del pueblo, pero no son pocos los que se quedan a manteterlo activo.
      El problema es que esta vez Barrow se verá súbitamente atacada por una horda de sanguinarios y hambrientos vampiros dispuestos a acabar con todos los seres vivos de la zona...A veces, en el cine se dan situaciones que escapan de toda lógica. Con cada vez más frecuencia la cartelera se llena de bodrios del estilo de "Dead Silence" o "1408" que sorprendentemente son aceptados por un público que acude en masa a verlos. En cambio, cuando por fin llega un estreno que consigue como mínimo no ensuciar todavía más el término "terror", se le da la espalda y a las dos semanas nadie sabe nada de él.
      Tal es el caso de "30 Días de Oscuridad", que pasó bastante desapercibida por los cines estadounidenses (pese a contar con el deseado Josh Hartnett como protagonista), y ahora, con varios meses de retraso, llega por fin a España.

      No es que la película sea una maravilla del séptimo arte, ni mucho menos. De hecho, cuenta con numerosos fallos, siendo algunos de bastante peso. Así, como ya ocurriera con el cómic original, el guión peca de simplón y de ser bastante predecible en todo momento, y ha sido alargado en exceso para llenar las (innecesarias) casi dos horas de duración de metraje. Esto se traduce en presentaciones de personajes poco estimulantes, situaciones en las que parece que no pase nada y otras algo repetitivas, que desde luego no ayudan al ritmo de la película.
      Además, los personajes por lo general están dibujados con brocha demasiado gruesa, y acaban por resultar estereotipos que apenas logran conectar con el espectador. Y tampoco ayudan sus actores, poco convincentes como norma general, exceptuando tal vez a Melissa George (vista en "Alias" y que aquí interpreta a Stella, la ex-mujer del protagonista) y a Ben Foster (Angel, en "X-Men: la Decisión Final"). Pero también es cierto que "30 Días de Oscuridad" tiene buen puñado de logros que la colocan muy por encima de la media, en cuanto a cine de terror se refiere. Destaca sobretodo su impresionante factura, que consigue lo imposible haciendo que la película recuerde a las viñetas de Ben Templesmith, dibujante casi vanguardista que limita sus figuras a bocetos casi caricaturescos manchados (literalmente) de pintura.
      Estrechamente ligada a ello está la atmósfera que enmarca la película, con un frío y desangelado pueblo rodeado de blanco que se convierte sin duda en uno de los protagonistas principales, creando constantemente una extraña sensación de desazón e intranquilidad en el espectador.
      Otro elemento digo de mención, que acerca aún más la película al cómic, es la explícita (pero no gratuita) violencia que Slade opta por mostrar sin tapujos, de manera que los ataques de los vampiros a sus víctimas son auténticas atrocidades, así como los actos de los protagonistas, que poco a poco acaban siendo de una brutalidad incluso peor que los de sus rivales.
      Como ejemplo que fácilmente engloba estos tres elementos cabe destacar la secuencia aérea (muy similar a la que abre la genial "Amanecer de los Muertos", de Zack Snyder), en que se nos muestra el pueblo transformado en un auténtico campo de batalla en que la nieve que inunda el lugar poco a poco va tiñéndose de rojo, entre gritos desangelados y relinches vampirescos.

      Pero lo más importante es que David Slade consigue lo que las antes citadas películas de terror no hacen, esto es, provocar que el espectador sienta miedo, o que por lo menos no esté cómodo en su sillón. Porque los vampiros de "30 Días de Oscuridad", con sus pintas tan diferentes a las que nos tenían acostumbrados Anne Rice o John Carpenter, con sus enormes y afiladas dentaduras (no solo colmillos) y uñas, con su idioma extranjero y sus desangelados gritos, y qué demonios, con su excesiva violencia, son capaces de provocar algún que otro susto y elevar la tensión a cotas realmente altas.

      En resumen, "30 Días de Osucridad" es una película de elegante fotografía y sanguinaria factura, que sin ser nada del otro mundo consigue esconder sus fallos tras sus enormes virtudes. Además, entretiene (y asusta) durante (casi) la totalidad de su duración. Hará las delicias de todo buen aficionado al cine de serie B, gore, y de terror en general.


      Por Carlos Giacomelli