Los burgueses que vinieron de Neptuno (y los críticos que les acompañaron)
Están vivos (1988, John Carpenter)

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Original

Estamos en el año 1988 después de Jesucristo. Todos los habitantes de Estados Unidos han sido convencidos de que el capitalismo es el único sistema posible por Ronald Reagan y sus adláteres... ¿Todos? ¡No! Una película creada por un irreductible director de fantástico resiste todavía y siempre al invasor. Con la ayuda de un luchador de wrestling (Roddy Piper), un guión producto de la unión de un cómic, un cuento y las aportaciones de todo el equipo, y su incorregible amor por el cine de género más gamberro y por H.P. Lovecraft, Carpenter crea una indiscutible obra maestra del fantástico y del cine político.

El film es, esencialmente, una grotesca metáfora de la sociedad de los 80, cuyos conceptos básicos todavía perviven en nuestro mundo post-68. A grandes rasgos: los extraterrestres nos han invadido, y han logrado esclavizar a la población mundial gracias a la publicidad subliminal y la televisión. Así, con la excusa del arquetípico villano venido del espacio exterior, un elemento habitual en las novelas pulp y el cine de serie B, Carpenter organiza un ataque de una virulencia terrible contra el sistema económico predominante: el capitalismo no es más que la herramienta utilizada por una clase diferente -en el film, los extraterrestres ayudados por una minoría humana; en la realidad, la burguesía-. El recurso le permite a Carpenter hacernos ver lo evidente: un sistema en el que unos no son recompensados debidamente por su trabajo y se encuentran en una situación mísera es injusto per se, sean humanos o alienígenas los causantes de la injusticia.


Y es que Carpenter, aunque se hable poco del tema, es un autor que regularmente ha introducido en sus films un discurso muy crítico con la sociedad de su época, y muy particularmente con la situación de su país, Estados Unidos. Siendo ambos de izquierdas, la América de Carpenter se opone simétricamente a la de Woody Allen: en Carpenter no hay ni burgueses melómanos, ni teatros, ni rastro alguno de una América que pocos han conocido; para el autor de Halloween los Estados Unidos son, básicamente, sus campamentos de obreros, sus barrios bajos, su delincuencia en las calles. El mejor ejemplo de esto, además de la propia Están vivos, es la saga de Snake Plissken: 1997, Rescate en Nueva York (Escape from NY, 1981) y 2013, Rescate en L.A. (Escape from L.A., 1996). Estos dos films y el que nos ocupa componen una trilogía de films distópicos de acción, películas en las que el humor aparece de manera constante -muy al estilo Carpenter-; sin embargo, mientras que en los films protagonizados por Kurt Russell el protagonista es un antihéroe al que no le importa castigar a la humanidad entera por vengarse de la sociedad que le condena, en Están vivos Roddy Piper interpreta a un individuo esencialmente bueno, que se enfrenta a la distopía en vez de aprovecharla o vengarse de ella por cuestiones personales. Parece que para Carpenter había llegado el momento de que los obreros del mundo se unieran.

El problema que ha tenido They Live con la crítica se debe principalmente a la incapacidad de esta segunda de valorar algo que no es ni un film de género puro, ni un film de tesis puro. Carpenter, y en esto se acerca a Eisenstein, trata de enseñar; o mejor, y tal como dice el propio director, de iluminar (enlighten) a un público cuya visión de la realidad está ofuscada por la misma publicidad a la que Carpenter ataca en el film. Y lo hace no mediante un film a lo hermanos Dardenne, cuyo público potencial es muy limitado, sino con un ejercicio de género que, como los buenos maestros, trata de divertir y enseñar al mismo tiempo.


Precisamente otro punto de interés de Están vivos lo encontramos en lo que al género se refiere; como en otras muchas de sus películas, Carpenter mezcla diversos géneros: en Vampiros de John Carpenter (John Carpenter's Vampires, 1999) o Fantasmas de Marte (John Carpenter's Ghosts of Mars, 2001) podemos encontrar elementos de toda la historia del western (clásico por Hawks, el spaghetti de Leone, el crepuscular de Peckinpah...) y, por supuesto, de ciencia-ficción y terror. En esta ocasión nos encontramos mucho más cerca del spaghetti que de lo habitual, debido a su tono desenfadado y a su radicalismo político; ambos elementos habituales en el western italiano. Aún así, las películas de Carpenter son absolutamente originales, y no podemos más que sospechar de aquellos que aplauden como genuino el cine de Tarantino y atacan por imitador a Carpenter, utilizando el primero muchísimos más elementos de las películas presuntamente "homenajeadas" que el segundo.

Están vivos es una muestra más, y van unas cuantas, de la infravaloración que ha sufrido cierto cine de género. En la actualidad, cuando muchas tribunas públicas han sido ocupadas por aquellos que crecieron admirando películas como las de Carpenter, el resto de la crítica disfraza su animadversión hacia el género -producto del más profundo desinterés-, ocultándose tras declaraciones ambiguas o tirando del ya muy manido "a mí las que me gustaban eran las primeras". Sinceramente, los preferíamos cuando daban guerra.



Por Cristian Planas