TERRORMOLINS 2025 en 10 (+1) películas.
Lo han vuelto a hacer. Terrormolins cierra su cuadragésimocuarta edición batiendo récords de asistencia y recaudación, llegando incluso a llenar sesiones de películas ya estrenadas en el circuito comercial. Todo un éxito para estos veteranos que reafirma la tendencia ascendente del cine de terror, que sigue copando un buen porcentaje de los estrenos anuales, y la buena salud de un festival que, admitámoslo, a su edad está mejor que muchos de nosotros.
La 44ª edición del Festival de cine de Terror de Molins de Rei nos ha dejado de todo. Payasos asesinos, peluches dementes, brujos y brujas, demonios de todo tipo, competiciones mortales distópicas, carreteras interminables, pirámides humanas y muchas, muchas más aberraciones que hay que ver para creerse. Y para eso estamos aquí. Este es nuestro resumen de TerrorMolins 2025 en 11 películas sin ningún orden particular.
Empecemos con el plato fuerte. Gaua, la noche, es la nueva película de Paul Urkijo, director de las estimadas Errementari e Irati. Urkijo vuelve a recurrir al folklore de Euskal Herria y a un exhaustivo trabajo de documentación – como bien nos explicó en su presentación - para contarnos una historia sobre los oscuros bosques del norte y las criaturas que los habitan cuando cae el sol.
Dividida en varias partes pero contando una única historia, Gaua es una fábula donde se mezclan demonios, brujas, la inquisición y hasta una historia de amor prohibido que conducen a un aquelarre de liberación final.
Gaua nos cuenta la historia de Kattalin, una joven que, tras intentar envenenar a su marido, huye hacia la oscuridad del bosque, donde se topara con una oscura presencia y la ayuda de tres mujeres que le contarán tres historias terroríficas. Historias que Kattalin conoce de primera mano.
Más que una película de terror, Gaua es un cuento folklórico minuciosamente documentado . Urkijo se adentra en todas las leyendas, los monstruos y los hombres del saco que han protagonizado las leyendas durante siglos, pero no tiene ningún interés en mostrarlos como villanos, y tampoco como héroes. Los narra, como si fueran los animales de un documental; los retrata con una estética cuidadísima, donde hasta el último detalle tiene importancia, y apoya su relato en unas magníficas interpretaciones encabezadas por Yune Nogueiras, el verdadero corazón de la película alrededor del cual orbitan el resto de elementos. Es inevitable mencionar ciertos paralelismos con La bruja de Robert Eggers, con quien comparte unos cuantos puntos en común, pero la película de Urkijo se desmarca ofreciendo un argumento más variado, una estética más vibrante, y un acercamiento más explícito a los temas que explora.
Paul Urkijo es un director muy querido por estos lares y sus películas siempre son bien recibidas. Por eso no es de sorprender que se acabara alzando con tres premios, incluyendo mejor director y película. Queda por ver cómo responde el público generalista a una propuesta arriesgada como la suya, pero le deseamos lo mejor. Nuestro cine necesita más Gauas.
Rabbit Trap, del británico Bryn Chainey, ha sido la otra gran triunfadora de Terrormolins 2025, ganando los premios a mejor guión, mejor fotografía y mejor interpretación para Dev Patel. Todo un triunfo para una cinta que comparte con Gaua un fuerte componente folklórico y que, como ésta, pone el foco especialmente en el bosque (en este caso, de Gales) y sus criaturas.
Rabbit Trap nos cuenta la historia de Darcy y Daphne, un matrimonio de músicos experimentales en los 70 que se mudan a una casa en el campo buscando en la naturaleza inspiración y sonidos para su nuevo álbum. Lo que encuentran es un sonido místico que nunca nadie ha escuchado antes y la visita de un misterioso chico que poco a poco irá metiéndose en la vida de la pareja, que cada vez se va volviendo más extraña.
Tengo que admitir que tengo sentimientos encontrados con la película de Chainey. Por un lado, tiene merecidísimos los premios a la mejor fotografía e interpretación. No sólo por Dev Patel, el trío de actores (únicos intérpretes de la cinta) formado por Patel, Rosy McEwen y Jade Croot hacen un trabajo excelente en una película que requiere que cada mirada y cada silencio cuenten. Y la fotografía de Andreas Johannessen, que nos mete de lleno en ese bosque húmedo y musgoso, es realmente destacable. Como casi todo los aspectos técnicos de Rabbit Trap.
El problema es que, bajo ese estupendo envoltorio (a medias entre In the Earth y The killing of a sacred deer, lo que a priori podría parecer un acierto seguro), yo no he podido encontrar nada más que una historia pretenciosa que cae en todos los tics de ese nuevo terror que se esfuerza demasiado en parecer una película de A24. Unos protagonistas con los que cuesta bastante empatizar, un “niño” repelente hasta lo insoportable, una historia que da vueltas sobre sí misma sin rumbo ninguno y lo más flagrante, un atisbo de traumaxplotation – siguiendo de nuevo las tendencias actuales de usar el cine de terror como diván - sin ningún peso ni relevancia durante toda la película pero suficientemente importante para Chainey como para usarlo de cierre. Una mezcla mortal, de nuevo, bajo un envoltorio espectacular, que supongo que la mayoría de asistentes ha digerido mejor que yo.
En cualquier caso, guste o no como película (que para eso están los gustos) no hay que quitarle méritos a Rabbit Trap como experiencia sensorial. La ambientación en la campiña galesa de los 70s, el cuidadísimo diseño de sonido (probablemente lo mejor de la película) y la buena mano de Chainey tras la cámara aseguran que la cinta tenga algo que ofrecer incluso a quienes no lleguen a entrar en su juego.
En definitiva, aunque para un servidor ha sido una de las decepciones de esta edición, hay que reconocer que Rabbit Trap aún tiene algunos puntos a su favor, Y cuenta con el favor de gran parte de los asistentes, por lo que como mínimo se merece una oportunidad y que cada uno juzgue por sí mismo lo que encuentre en este bosque. Pero yo he avisado: Cuidado con las trampas.
Hay ediciones de festivales en las que uno puede señalar una película como “la bizarrada del año” sin temor a equivocarse. Terrormolins 2025 no es uno de esos casos. La 44º edición ha dejado una buena colección de serias candidatas a tan ilustre título y aquí tenemos una de las más potentes. Yuta Shimotsu, director de Best wishes to all, dirige este J-Horror con más mala baba que terror y una crítica al sistema tan poco sutil que a su lado Están vivos parece una obra críptica. New Group, que así se llama la criatura, explica poco y esconde menos: Después de que la Tierra reciba una señal alienígena, algunos ciudadanos empiezan a comportarse de forma extraña formando pirámides humanas o moviéndose en formaciones de gimnasia. Ai, una joven estudiante insegura e introvertida y Yu, un chico que vuelve a Japón tras estudiar en Estados Unidos, forman un grupo que se rebela contra la mente colmena a la que no para de unirse gente, ya sea formando gigantescas pirámides o desfilando en bizarras formaciones.
Shimotsu se aleja del horror más puro en este artefacto que tiene muchísimo más de comedia negra. New Group tiene un argumento de ciencia ficción con algo de horror cósmico, y sin duda provoca más carcajadas, o por lo menos cara de estupefacción, que sustos. Pero la inclasificable propuesta del nipón funciona por mucho que parezca tener todas las papeletas para no hacerlo. Tan divertida como descarada en su defensa del individualismo, la ganadora al premio a mejor guión de la sección Being Different ha sido la más inesperada de mis favoritas de esta edición. Una locura de espíritu punk que probablemente no vea la luz fuera del circuito festivalero, pero que va a gustar a los que sabemos de qué va esto. Y los que no, pueden volver a sus pirámides.
Otra de las sorpresas del año en Molins ha sido The Surrender, de Julia Max. Una película de la que es mejor no contar demasiado, pues el golpe de efecto de este drama sobre madre e hija al cuidado de un padre de familia enfermo (basado en la experiencia real de la directora, obviamente hasta cierto punto) es mucho mejor si se disfruta a ciegas. The Surrender amenaza al inicio con ser otro aburrido “trauma horror” (el mensaje de Max sobre su “experiencia personal” no ayudó) pero se apoya en unas interpretaciones realmente excelentes de Colby Minifie y Kate Burton, que mantienen el interés por la cinta en todo momento, hasta que ésta se destapa en su giro hasta el terror más infernal. The Surrender, a diferencias de muchas otras por el estilo, funciona igual de bien en su cara dramática, una eterna discusión entre madre e hija con la vida de su padre en juego como en el fantástico, cuando la llegada de un tercer personaje lo pone todo del revés.
Como digo, hay mucho en The Surrender que preferiría que cada uno descubriera por su cuenta, y eso signfica que hay muchas cosas que quisiera y no puedo comentar. Pero la película de Max, aunque haya pasado aparentemente desapercibida, ha resultado la mayor sorpresa del año. Dramática, triste, terrorífica, sangrienta y con una pareja protagonista sencillamente brillante. The Surrender es una de mis favoritas personales de TerrorMolins 2025. Apunten el nombre de Julia Max, porque es un nombre a tener muy en cuenta.
2025 es el año de Richard Bachman. El escritor verá dos de sus novelas – El fugitivo y la que nos ocupa - llegar a la gran pantalla este año; nada mal para un tipo que no existe. El bueno de Stephen King, el hombre tras el pseudónimo, sigue en una imparable racha de adaptaciones (se suman la serie de IT y La vida de Chuck a su cosecha del 25) pero resulta especialmente curioso que, en estos tiempos que vivimos, las dos célebres distopías escritas por el alter ego del novelista de Maine lleguen a los cines prácticamente a la vez.
La larga marcha nos cuenta la historia de una competición, televisada, como no podría ser de otra forma, con el propósito de levantar los ánimos de un país hundido en la depresión económica y moral. 50 jóvenes voluntarios, uno por estado, deberán caminar a una velocidad mínima de unos 5 km/h escoltados por un regimiento militar. Si se detienen, reciben un aviso, y a los tres avisos son descalificados. Y con descalificados quiero decir fusilados. El que, 49 disparos más tarde, quede en pie, ganará una fortuna enorme y un deseo que será cumplido sin condiciones.
Si bien los juegos asesinos pueden parecernos una ficción recurrente hoy día, el impacto de la novela de King/Bachman en 1979 fue brutal. Y su influencia se deja notar en todo un subgénero popularizado por Battle Royale, El juego del calamar, o Los juegos del hambre. Y precisamente el director de ésta última, Francis Lawrence, es el encargado de adaptar este agotador viaje.
Quizás sea porque sabe que lo vamos a relacionar con la famosa saga adolescente, pero Lawrence dirige La larga marcha con una seriedad y una sobriedad muy alejada del tono de sus películas más conocidas, huyendo del ligero tono juvenil y de explotar el morbo de las muertes para centrarse en la improbable amistad entre los vivos. Porque bajo su coraza de crueldad distópica, La larga marcha es todo corazón, la historia de unos chicos que deciden afrontar sus últimos días unidos aún sabiendo que su salvación depende únicamente de la muerte de los demás. Y mientras más se unen entre ellos, más cara plantan al sistema que los lleva, desesperados, a participar en tal circo sangriento.
Esto no podría funcionar sin tener a alguien con el carisma suficiente comandando la marcha. Afortunadamente, The Long Walk tiene a Copper Hoffman como Ray Garrity y sobre todo a David Jonsson, que ya fue el MVP de Alien Romulus y aquí vuelve a brillar como Pete McVries, el alma de este grupo de condenados. Y al otro lado tenemos al siempre estimable Mark Hamill, en este caso interpretando al villano... o más bien a un eslabón personificado de esa cadena de villanía que formamos entre todos. Su comandante es un papel casi testimonial pero Hamill se lo pasa pirata gritando desde un vehículo acorazado como una nada disimulada mezcla entre el Sargento Hartman y Donald Trump.
Hay que aclarar desde el principio que The Long Walk nos va a pedir que callemos a esa vocecilla que nos hace preguntas sobre lo que estamos viendo - ¿por qué demonios se apuntan voluntariamente con esa ínfima posibilidad de victoria? ¿Y cómo son casi todos tan solidarios si eso los acerca irremediablemente a llevarse un tiro en la cabeza? ¿Y por qué no ha adaptado Lawrence los términos físicos de la competición a unos parámetros más realistas, en lugar de hacernos creer que Copper Hoffman, sin entrenamiento previo y un calzado regulero, puede caminar sin parar más del doble de lo humanamente posible?. Todas estas preguntas quedarán y deben quedar sin respuesta. Porque da igual. Lo que Lawrence, como King, quiere contar aquí, es una historia de resiliencia, de amistad en la adversidad más absurda, y de, por una vez, lo mejor que la humanidad – o mejor dicho, parte de ella – puede dar de sí llegado el momento. Y si te dejas llevar por esa interminable carretera desierta, lo que tendrás a cambio es una de las mejores películas de 2025, una de las mejores adaptaciones al cine de la obra de Stephen King, y una historia que, ante la frivolidad morbosa de calamares y otros inventos, se te quedará clavada durante mucho tiempo. Es un paseo duro, pero vale la pena.
De una carretera interminable a otra. It Ends de Alex Ullom nos mete en un Jeep a través de un camino infinito, en el que 4 jóvenes amigos se ven atrapados sin más opciones que seguir avanzando o rendirse para siempre. Con 4 actores desconocidos, un coche y un bosque, Ullom nos sumerge en un viaje que habla sobre la incertidumbre frente al futuro, sobre la necesidad de algo a lo que aferrarse, la importancia de una novedad, por pequeña que sea, dentro de la rutina. La naturalidad con la que el reparto pasa de las conversaciones típicas de cuatro Gen-Z al puro terror existencial son el verdadero combustible de una cinta que parece no ir a ninguna parte pero en realidad, va a muchas. It Ends no es un película de terror en el sentido más estricto de la palabra, (quizás el término que Ullom intenta acuñar, “hangout horror” sería algo más acertado) pero hay un desasosiego en el eterno viaje de sus protagonistas por este extraño purgatorio arbolado que deja poso en el espectador. Entre el drama indie, el hard sci-fi de loops temporales, y el retrato de una generación condenada a vagar perdida en los laberintos que se les ha construido, It Ends es una pequeña y sencilla joya de la que no hay mucho que pueda comentar pero sí recomendar. Uno de los grandes tapados de esta edición, y un equipo, director y reparto, a tener en cuenta a partir de ahora.
Cuando el periodista a cargo de una investigación sobre unos sucesos paranormales desaparece, uno de sus compañeros y una colaboradora repasarán todo su trabajo, tratando de terminar su artículo y, de paso, dar con él.
Esta es la premisa – muy resumida – de About a place in the Kinki Region (o Kinki, a secas), la nueva película del director japonés Kôji Shiraishi. Kinki es un J-Horror en toda regla que lleva a los dos protagonistas a revisitar la investigación del periodista desaparecido, consistente en un buen número de cintas de found footage, género en el que Shiraishi es un auténtico experto y que destacan como lo más interesante de la película. El resto del tiempo, Kinki es un drama de investigación, como un Expediente X a la japonesa, que se acerca paso a paso a una pesadilla de horror cósmico.
Basada en una novela de éxito en Japón – no tengo constancia de su existencia en España – About a place... ha seguido su estela cosechando buenas críticas y una recaudación importante en su país de origen. Pero la obra de Shiraishi se pierde un poco en la traducción, mostrando muchos de los rasgos distintivos del cine de nicho japonés que en Occidente pueden jugarle en contra. Kinki está alargada en exceso y su trama va de un lado a otro casi a empujones. No ayuda tampoco que visualmente – si exceptuamos los fragmentos de found footage – la película se vea más casi como una serie de televisión barata que como la adaptación cinematográfica de un best seller. Y para cuando llega a su tramo final, más entretenido a base de buscar el shock por todos los medios posibles, la coherencia del guión ha saltado por la ventana, dejándonos un desenlace extraño, anticlimático, y que da señales de lo que podría haber sido una película muy, muy distinta pero no fue.
Kinki ha recibido una mención en la sección oficinal y me consta que muchos asistentes han disfrutado con la extraña propuesta de Shiraishi. Pero lo cierto es que es una cinta que requiere mucha tolerancia a los peores vicios del cine de género nipón. Un café para los muy cafeteros que difícilmente va a convencer a quienes no estén familiarizados con el J-horror menos comercial. El viaje a Kinki es un viaje solo recomendable para los muy fans.
Para los demás, por suerte, Terrormolins aún tenía unos cuantos ases guardados en la manga.
Decía más arriba que el título de “bizarrada del año” estaba muy discutido en esta edición (y eso que no he visto Flush). He aquí el motivo. Monkey's Magic Merry Go Round, de Aidan Leary es una de las películas más locas y originales de TM25. El título de la película hace referencia a un programa infantil, una especie de Barrio Sésamo en el que el presentador, James, vive junto a un parque habitado por marionetas animales, capitaneadas por Monkey, un pesadillesco mono con manos humanas que hace las veces de mejor amigo. En un programa normal, James y sus vecinos peludos jugarían juntos y darían alguna enseñanza a sus espectadores. Pero la memoria de James está fallando, las costuras de su realidad empiezan a rasgarse y un imparable terror existencial empieza a invadirlo poco a poco.
Con un solo actor (magnífico Michael Gilio, que además resulta ser uno de los guionistas de Dungeons a Dragons: Honor entre ladrones) , un único decorado, un fulano vestido de mono, y unas cuantas marionetas – y lo que sea el hurón – Leary construye una pesadilla que, entre risas y desconcierto, esconde una oscuridad que puede calar hasta los huesos. Gilio consigue llevar adelante un papel que fácilmente podría caer en el ridículo, especialmente en los tramos finales, interactuando con toda la dignidad posible con Monkey, el hurón (la estrella de la película) y todos los demás bichejos. A partir de ahí: adicciones, violencia, body horror y traumas por desbloquear. De todo hay en el carrusel mágico del mono.
Monkey's Magic... tiene prácticamente todo lo que quiero encontrarme cuando entro a ver una película en un festival de cine de terror a ciegas: Es original, es desconcertante, violenta, divertida, y deja un pequeño resquemor que se queda contigo durante días. Si bien es cierto que, cuando llevas un rato viendo a los muñecos y ya no son una sorpresa – hasta el hurón! - la cinta deja de pisar el acelerador y su desarrollo se vuelve un poco, en cierto modo, convencional. Quizás un salto hacia la locura total de producciones similares como Don't Hug Me I'm Scared – con la que es inevitable comparar - habría podido convertir la película de Leary en el auténtico must de Terrormolins. Pero pese a quedarse dentro de lo, digamos, predecible, MMMGR es el tipo de sorpresa por la que uno quiere seguir acudiendo a festivales y por tanto, una de mis mayores recomendaciones de TM25.
La novedad de las sesiones dobles este año consistió en proyectar Night of the Reaper y BodyCam, ambas de Brandon Christensen... con Brandon Christensen en la sala. Una propuesta interesante, puesto que Christensen ha abordado el terror en dos vertientes bastante opuestas: Del el slasher con clara influencia Carpenteriana de Night... al found footage frenético, casi de videojuego, de Bodycam.
Night of the Reaper cuenta la historia de Deena, una joven que vuelve a casa después de estudiar fuera y recibe la llamada de una amiga pidiéndole un favor: cubrirla en su trabajo como canguro del hijo del sheriff, puesto que ella se encuentra mal. La noche de trabajo de Deena coincidirá con el ataque de The Reaper, un asesino en serie que ha estado dejando pistas sobre su regreso a las andadas y que tiene la policía en alerta.
Night of the Reaper es un slasher con cierta sorpresa y una clarísima influencia ochentera bien ejecutada; la estética retro no está forzada hasta el punto de causar repulsa como le ocurre a tantos que intentan hacer una película que parezca haberse rodado hace 40 años. Simplemente, parece una película de los 80 de forma natural. Christensen hace que predomine la tensión y trabaja con maestría los build-ups en secuencias claramente influenciadas por “Halloween” o “Scream”, sobre todo en un cold open que es sin duda lo mejor de la cinta y uno de los mejores momentos proyectados este año en La Peni. Sobre el tercer acto, cuando empiezan los giros y la violencia salta explícitamente a la pantalla, Night of the reaper ha perdido parte de su gracia, pero el director resuelve el giro tonal con solvencia y sin que pierda interés. Reaper es una película pequeña y humilde que no pasará a los anales del género, pero ofrece una hora y media de terror clásico bien ejecutado, original y divertido, perfecto para arrancar una sesión doble.
Por su parte, con Bodycam Christensen da un giro de 180º hacia la manera más opuesta de hacer cine de terror. Con la perspectiva de las cámaras policiales que le dan título, Bodycam sigue a dos agentes que responden a una llamada de emergencia en una casa de un barrio de mala muerte. Uno de ellos, presa del pánico abrirá fuego dentro de la casa y enfurecerá a sus ocupantes, que parecen responder a la voluntad de una fuerza superior. Si bien en Night of the Reaper el director destacaba por el uso de los tiempos, la música, y una dirección bastante formal para crear momentos de tensión interminable, aquí realiza el equivalente cinematográfico a tirarte por la ventana. Bodycam es un found footage a 100 por hora, una huída hacia adelante por una montaña rusa que funcionará tan bien como tolerante seas a los defectos de un subgénero del que, al fin y al cabo, ya está todo visto.
Bodycam le valió a Brandon Christensen el premio a mejor dirección de la sección Bloody Madness (además de una mención especial para la película) por lo que queda claro que su adrenalítica propuesta cayó bien en TerrorMolins. Aunque personalmente disfruté más de Night of the Reaper, el auténtico valor de esta sesión es poder compartir con un director dos formas casi opuestas de entender y ejecutar el género. La visita de Brandon Christensen fue uno de los pases más interesantes de TerrorMolins y un tipo de propuesta que espero que se repita en años venideros.
Y para acabar, la primera película proyectada en TerrorMolins 25, y el motivo por el que la lista es de 11 películas este año. Porque Together, al igual que The Substance el año pasado, llegó a Molins después de haber sido estrenada en el circuito comercial. Eso no impidió que el público llenara La Peni para verla en el festival, en lugar de en un multicines. Porque en un festival toda película es mejor, y eso lo sabemos todos los que nos sentamos a disfrutar del debut de Michael Shanks el 9 de Noviembre.
Together traía cierto hype consigo, y es fácil ver por qué. La mezcla de comedia con body horror y un nada sutil contexto sobre la codependencia en pareja promete un buen viaje, y lo da. Alison Brie y Dave Franco, casados en la vida real, interpretan a una pareja en crisis que, tras perderse en una cueva y beber de un extraño estanque, empezarán a notar que algo está cambiando entre ellos: Sus cuerpos están intentando fusionarse.
Con un argumento que explica lo justo y una pareja protagonista metida de lleno, Shanks no necesita mucho más para hacer que Together funcione. Más cerca de la comedia negra por medio del slapstick viscoso que del terror, Together aprovecha para hablarnos de todos esos vicios que parecen comunes a todas las parejas del mundo, las inseguridades, el miedo ante el compromiso, las decisiones unilaterales. Todo de camino a un despiporre de horror corporal que pone un pie en Raimi y otro en Fargeat para acabar saliendo por el camino más inesperado. Como un Cronenberg ligero y de buen humor, Shanks usa la atracción imposible entre los cuerpos como metáfora de la dependencia, y le da un significado completamente distinto a la nueva carne.
Franco y Brie demuestran ser la elección perfecta para protagonizar la película. La complicidad entre ambos no es interpretada, y los dos tienen suficiente experiencia en comedia como para saber hasta dónde llevar a sus personajes para tener al público siempre al borde de la carcajada nerviosa. Damon Herrimon, el tercero en discordia, sigue funcionando como tío creepy, que viene a ser su especialidad (qué esperar de un tipo que ha hecho de Charles Manson en dos películas distintas). Shanks conduce con firmeza una película llena de curvas, saltando del drama de pareja a la comedia y al terror con naturalidad y sin forzar nada y manteniéndose siempre un paso por delante de las expectativas del espectador, por lo que Together sigue sorprendiendo aún cuando todas las cartas están sobre la mesa.
En definitiva, un excelente debut para Michael Shanks y una excelente apertura para la 44º edición de TerrorMolins. Un éxito para un festival que sigue creciendo y ganando adeptos, capaces de llenar La Peni para ver películas ya estrenadas y mantener unos altos niveles de asistencia durante toda la semana. Y una victoria para los fanáticos del cine de terror que seguimos teniendo en Molins un templo en el que refugiarnos una semana al año.
Esto ha sido TerrorMolins 2025, una semana de terror, risas, y algún que otro paseo por el purgatorio que cada vez congrega a más fieles bajo el techo de La Peni. Solo queda esperar a ver qué nos deparará la edición número 45, pero todo apunta a que será más y mejor. Hasta entonces, seguiremos pasando miedo en las salas y en casa, y haciendo que el género siga creciendo e infiltrándose en las carteleras de todo el mundo. De nosotros depende. Hasta el año que viene, TerrorMolins!
PALMARÉS
Sección Oficial Largometrajes
Mejor película
Gaua
Menciones especiales
Kinki Chihō no Aru Basho ni Tsuite (About a Place in the Kinki Region)
y Bramayugam
Mejor interpretación
Dev Patel por Rabbit Trap
Mejor banda sonora
Joan Vilà por Silencio
Mejor dirección
Paul Urkijo por Gaua
Mejor guión
Bryn Chainey por Rabbit Trap
Mejores efectos especiales y maquillaje
Gaua
Mejor fotografía
Andreas Johannessen por Rabbit Trap
Sección Being Different
Mejor película
Que ma volonté soit faite (Her Will Be Done)
Mejor dirección
Julia Kowalski por Que ma volonté soit faite (Her Will Be Done)
Mejor interpretación
Maria Wróbel por Que ma volonté soit faite (Her Will Be Done)
Mención especial
Michael Gilio por Monkey’s Magic Merry Go Round
Mejor guion
Yûta Shimotsu por New Group
Sección Bloody Madness
Mejor película
Flush
Mención especial
Bodycam
Mejor dirección
Brandon Christensen por Bodycam
Mejor interpretación
Jonathan Lambert por Flush
Mejores efectos especiales
Deathstalker
Sección Oficial Cortometrajes
Mejor cortometraje
Whitch
Mejor guion
James A. Castillo y Julio Serrano por El fantasma de la Quinta
Premio Víctor Israel a la mejor interpretación
Emily Renée por A Matter of Minutes
Mejores efectos especiales
Underground Invaders
Premio Méliès d’Argent al mejor cortometraje europeo
Judy1964
Mención especial del jurado
Borbulha (Pimple)
Premio del Jurado joven
Mi juego
Mención especial del Jurado joven
Borbulha (Pimple)
Premio de la Crítica d’Or al mejor cortometraje
Meat Crayon
Premio del Público Manel Gibert
Whitch
Sección Ç-Trencada
Mejor cortometraje
Instruccions per a ser un nen assenyat
Mención especial del jurado
Mater Benefacta
Premio del Jurado joven
Pálpito
Premio del Público
Mater Benefacta
Sección TerrorKids
Mejor cortometraje
Konko
Mención especial del jurado
Luna and the Brain Tuna
Premio del Público “Caca en la Butaca”
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